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Cenicienta ciclista

Todos la conocían como La Cenicienta en su vecindario.

Natalia tenía un padre estricto y la obligaba a regresar antes de la medianoche a su casa. No podía desviarse por un minuto.

Sí, Natalia salía al cine con sus amigas a tomar una copa en un bar o bailar música disco, pero tenía que regresar a casa antes de la medianoche.

Esto le impedía vivir la más bella parte de la noche. Cuando la atmósfera se vuelve más intrigante y casi mágica.

Esta obligación no le pesaba mucho, no era un drama. Sí, le hubiera gustado estar con los amigos y compartir un par de horas más por la noche, riendo y bromeando.

Pero ella creía que su príncipe azul, por lo general podría encontrarlo durante el día.

Además, no le daba mucha importancia a esta prohibición, porque su gran pasión era el ciclismo. Andar en bicicleta por el verde y la vegetación de su pueblo era para ella lo más hermoso del mundo.

Y cuando ella recibió la llamada de Juan Diego, no le parecía verdad que él estaba vendiendo la todoterreno profesional de su ex esposa a un precio casi de regalo.

Juan Diego era un amigo suyo con la misma pasión: las bicicletas de carreras. Le regaló a su esposa una todoterreno para que pudiera seguir con su entrenamiento.

Pero después de su primer periodo, ella se rindió.

El divorcio se encargó del resto.

Natalia volvió a contar sus ahorros y faltaba poco para reunir la cantidad total de la plata.

No le parecía real. Una profesional todoterreno y también el equipo: zapatos, ropa, casco y guantes. Incluso, Juan Diego tenía un monitor de ritmo cardíaco incluido en la oferta.

Parecía vivir en un cuento de hadas.

Natalia llamó a Juan Diego y le dijo que aceptaba la oferta y que el dinero que faltaba se lo entregaría más luego con el salario del mes. Juan Diego aceptó.

Las primeras carreras fueron hermosas con la nueva todoterreno. Finalmente, pudo viajar a mayor velocidad y por vías de escalada que no eran como el camino pavimentado. Naturaleza, descensos, ascensos.

Ella era la heroína de un cuento de hadas. Una Cenicienta ciclista.

Una tarde, se encontró con un nuevo camino. Juan Diego le dijo que era difícil, pero gratificante. Últimamente, el cinturón del pedal derecho no había funcionando bien y muchas veces el pie se salía del pedal, especialmente cuando se enfrentaba a los saltos, por lo que decidió apretarlo fuerte con doble salida.

En el camino saltó más alto que lo normal. Cosa que no había previsto. Ella se cayó, pero no resultó herida.

Sin embargo, el pie derecho quedó atrapado en el pedal. Ni siquiera podía sacar la zapatilla.

Después del frenesí inicial, creyó que lentamente lograba extraer el pie del zapato y así poder volver a casa, pero nada. Todos los intentos fueron infructuosos.

Entonces, comenzó a ponerse nerviosa, porque había pasado casi una hora después de que cayó.

No sabía cómo resolver la situación.

No podía ponerse de pie y empezar a pedalear o siquiera sacar el pie del pedal o del zapato.

Empezaba a hacer frío y estaba oscuro. Ella se preguntaba qué hacer, así que trató de gritar para pedir auxilio.

Pero en ese lugar tan aislado, nadie respondió. Todavía hacía frío y estaba cada vez más agitada y nerviosa.

Esto la hizo echar a llorar.

Pensaba en que sería bueno que los cuentos de hadas se hicieran realidad y un príncipe viniera en su rescate. En ese momento oyó un ruido lejano, como alguien que pedaleaba.

Ella comenzó a gritar, cada vez más fuerte.

Se sentía algo como un pedal de freno que se acercaba al lugar donde cayó. Un ciclista con una todoterreno se detuvo frente a ella y le preguntó:

¿Estás herida? ¿Cómo se sientes?

Natalia empezó a llorar de alegría y entre sollozos dijo:

No, estoy bien, se metió el zapato en el pedal y no me lo puedo quitar.

Espera y miro cómo ayudarte.

Dijo el ciclista.

Después de revisar la situación y cómo podría ayudar a la chica, con un movimiento delicado, pero seguro, con ambas manos logro tirar la zapatilla del pedal.

Montando hasta la casa y charlando con el ciclista, Natalia pensó:

La medianoche todavía está lejos, pero he encontrado a alguien gracias a mi zapato. Y quién sabe, tal vez para mi vida.

Baldassarre Aufiero, Armenia – Quindio, Julio 2013 – Mozzafiato Copyright

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