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¿Y MI BESITO? NI MODO

Johana encontraba siempre el parqueadero del hospital lleno.

Pero esta vez estaba como medio vacío.

El hombre que cuidaba los carros la saludo:

-“¿Doctora muy buenos días, como ha estado?”.

-“Bien, gracias a Dios, ¿Néstor, que pasa. Porque hay muy pocos carros?”

-“La doctora Ángela María organizó una charla en el Centro de Convecciones esta mañana”

“Ah bueno.” Y le paso algunas monedas.

Johana detestaba profundamente a Ángela María. La consideraba el ejemplo viviente de la incoherencia y de la manipulación.

Johana era una visitadora médica bien conocida y periódicamente llegaba en Pereira a proponer y vender los productos farmacéuticos.

Ángela María la directora sanitaria del hospital.

Entre las dos tenias una relación aparentemente normal, pero muy difícil porque no se podían soportar.

Johana repugnaba las actitudes de Ángela María, porque la veía siempre aprovechando en manera completamente egoísta de cualquier tipo de situación.

En todos los asuntos relacionales, económicos,  ella se portaba pensando solamente a su beneficio. La cosa que le daba mas rabia a Johana era que la directora sanitaria se presentaba como una persona que quería solo ayudarte el próximo y solucionarle problemas.

Había escrito varios artículos como construir hogares de amor. Daba asesoría también en la Gobernación y en la Alcaldía con lecciones de pulcritud, rectitud y principios.

Ella decía de tener el reto del buen ejemplo. De ser la mujer referente supremo, de honestidad y correcto proceder.

Pero en la realidad era exactamente el contrario.

Ángela María se movía solo para interés y su propio beneficio. Cuando organizaba eventos contactaba profesores universitarios como testigos solamente si ellos en otros seminarios la pagaban para sus charlas.

Contactaba los dueños de los restaurantes y les pedía una comisión y pretendía también que en los días siguientes al evento su familia pasaba a comer gratuitamente. Muchas veces no pagaba la cuenta o la pagaba con mucho retraso o no completamente. Y todo esto con la sonrisa de un ángel.

Mientras Johana estaba pensando a cuantas mentiras estaba diciendo Ángela María en el aula del Centro de Convecciones, se encontró con la secretaria del doctor Jorge Mario.

“Doctora Johana, el doctor Jorge Mario ya la atiende.”

El doctor la acojo con una grande sonrisa. Y después que ella entró, cerró la puerta, se acercó a ella y le hizo la misma pregunta de broma de siempre:

-“¿Y mi besito?”

Ella contestó como siempre:

-“Ni modo”.

Era una forma de saludarse entre lo dos y sobre todo para besarse apasiona natamente. Hacia casi un ano que la relación entre los dos había empezado. Johana sentía una atracción física y química para Jorge Mario, pero le faltaban solo tres meses para casarse con Camilo, su novio de siempre. El miedo de ser descubierta era muy grande. Pero ella no lograba acabar la relación. Era como una  adicción. Últimamente la pasión entre los dos se era bajada mucho. Un silencio interminable caracterizaba  los momentos  de relación. Ante la cercanía no era solo física era emocional, compartían todas las dificultades y las felicidades. Hablaban muchísimo. La noche anterior Johana había promedito a si misma de finalizar la relación y de aprovechar de la visita a Jorge Mario para decirle todo.

Además que su conciencia ética cada segundo le repetía y le preguntaba:

“Come te permites de juzgar a Ángela María, si te portas peor que ella.

Te faltan tres meses a la boda y todavía hace la amante de Jorge Mario.”

Ella se sentó y el doctor se acerco con la silla a Johana.

Con una cara seria el le dijo:

“Johana tengo que hablarte seriamente de un asunto importante. Me voy al grano. No quiero continuar más nuestra relación aunque te quiero mucho. Pienso que es lo mejor para los dos. Tú te vas a casar en poco tiempo y yo tengo una familia que amo y que no quiero perder. Adema s somos sinceros. Nuestro silencio tiene el mismo fundamento. Nos desfogamos por la interminable ausencia de nuestros seres queridos, pero ahora ambos nos sentimos culpables. Por lo menos, así me siento yo”

A Johana le pareció como recibir una bofetada fuerte en la cara. Pensó estaba diciéndole lo mismo y él me precedió. No, no, no. Como se permite este marica de dejarme así. Pero en el mismo tiempo se sintió aliviada. Le daba rabia de ser “votada” como una servilleta usada. Pero actuó el papel que le pertenecía.

Entonces se levantó de la silla y  tomó su ropa y dirigiéndose a la puerta gritó:

“¡Carajo, pedazo de mierda! ¿Te sientes culpable? “Sí, aparte de filósofo, hazte el moralista también. Eres solamente un bastardo, sin pelotas que no sabe asumir la responsabilidad de sus decisiones”

“Correcto, correcto, siempre trato de encontrar una manera de salir de mis errores, evito llevar peso sobre mis hombros. Pero esta vez no puedo, me siento un gran bastardo como dices tú! Mas no por tus razones, sino porque  continuo a traicionar al mismo tiempo a mi familia y a ti misma y a tu futuro”.

“Bueno”, le contestó Johana y salió.

En el corredor encontró a Ángela María que la miró casi riendo y provocándola le preguntó:

“¿Y mi besito?”.

Johana no entendía como ella podía conocer este detalle tan íntimo de su relación con Jorge Mario. Pero un rayo del cielo entró en su intuición femenina y entendió. Ángela María era la nueva vieja de Jorge Mario. Entonces le pegó duro en la cara de Ángela María con su cartera pesada y le contestó: “Ni modo”.

 

Baldassarre Aufiero, Armenia (Quindio) Julio 2013 – Mozzafiato Copyright

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