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La Divina Commedia

 

Trajo de su Italia natal, los secretos más ricos de la cocina italiana. Esos que aprendió de su madre y de su propia nonna (abuela en italiano)y ya sabemos como son las mujeres italianas, además de apasionadas, unas cocineras increíbles, de eso no hay duda. A mi me encantaba ver a la nonna cocinar, disfrutaba con esa forma particular de amasar, la dedicación con la que preparaba las salsas y seleccionaba cada ingrediente. Yo la acompañaba a hacer las compras y la observaba elegir las verduras más frescas y los condimentos más sabrosos. Sabía que cada detalle era el más importante. Para la nonna sentarse en la mesa era el mejor momento del día y eso se notaba en la forma en la que preparaba cada plato”. Bruno Colombari – Restaurante Trattoria la Divina Comedia, Bogotá – Colombia.Naty 4

 Quise empezar mi blog de esta semana con este hermoso fragmento, de uno de mis restaurantes italianos favoritos. Inevitable no hablar del placer de sentarse a la mesa y deleitar un plato en un lugar que te transporta desde que pronuncias su nombre: -“La Divina Comedia’’-, esa que deja volar tu imaginación con cada letra y te lleva a vivir una aventura literaria a través de una experiencia urbana.

Naty 1Decoración implacable, ambiente exquisito y el placer de delitar una comida preparada tal como lo describe el fragmento del menú. De alguna forma esto me recuerda a las mujeres de antes, me lleva a pensar particularmente en mi abuela. El mes de Mayo en Colombia es el mes de las madres. En mi familia, una familia paisa de esas tradicionales y bien numerosas, celebrado con ’Bombos y platillos’ alrededor de la abuela.

Esa mujer incansable que a pesar de su avanzada edad sigue fiel a sus costumbres y tradiciones. Es todo un tema con ella porque hoy en día las personas con todos los avances de la tecnología ya no cocinan en leña, sino en sus hornos eléctricos o a gas. Ya no hacen las arepas sino que las compran hechas en el supermecado. No se hacen los buñuelos de cero sino que se compra la famosa masa lista para preparar, y sucede lo mismo con la natilla. Y del mismo modo con infinidad de comidas tradicionales. Pero ¿mi abuela? ¡No! a ella no le interesa que signifique el triple de trabajo, que se tarde mucho más o que ya no tenga las misma energía y salud que a sus 20 años.Naty 7

Por la numerosidad de la familia, y desde hace mucho tiempo, en cada fecha especial se prepara el tradicional Sancocho (Nunca me había preguntado como definir este plato en un concepto universal, me tocó buscar en el diccionario y lo definen como ‘cocido popular a base de caldo y diferentes ingredientes’). Sancocho Paisa, preparado en leña y cocido en el famoso ‘indio‘, que es como una olla gigante y muy resistente al calor. Cuando uno esta en casa y es pequeño le parece jartísimo asistir a este tipo de eventos, maluquísimo tener que ir comer el mismo platillo de toda la vida y ver a la misma gente de todos los días. Después uno va creciendo, se va de la casa…cada vez tiene menos tiempo, las distancias que antes se veían cortas se vuelven inmesurables, y así.

Naty 3Este día de la madre que pasó, regresé a mi tierra para no permitir que mi mamá pasara su celebración anual como madre sin hijos. Regresé con otros ojos, muriéndome por comer y hasta por repetir el plato que alguna vez desprecié. Por ver nuevamente a todos los que ignoraba y por sentir ese calor de hogar que viene con olor a montaña. Me dije a mi misma, que bueno envejecer como la abuela, con su pasión intacta, su orgullo firme y sus tradiciones en la piel a pesar de todo lo que ha cambiado el mundo y las personas. Y es que hoy en día es muy difícil, porque tenemos horario de oficina, una hora de almuerzo, vidas de ejecutivas, viviendas que demandan atención y mantenimiento, parejas que necesitan tiempo y dedicación, hay que estudiar y seguirse actualizando, responsabilidades que crecen cada vez más, tráfico, distancias, gimnasio…algunas además de todo: son madres; y la pregunta es: ¿en qué momento? ¡Ni siquiera sé si la mujer maravilla podía hacerlo todo!

Tal vez no quiera ser la ‘Colombian Wonder Woman’, pero por lo menos me queda claro que el tiempo de comer es sagrado y merece, aunque no pueda cocinar en leña, que por lo menos en esa hora que me dan, no revise correos, no mire mi teléfono y dejé de lado el estrés y el ajetreo del trabajo para dejar llevar a mi imaginación por una comedia dantesca que, entre cielo infierno y purgatorio, me permita deleitar, así sea por contados minutos, el paraíso en distintas dimensiones de una distorsionada realidad; en un plano urbano que al menos a través de un poema, me permite mezclar la vida real con lo sobrenatural donde la implacable fuerza de la imaginación humaniza lo inhumano.

 Natalia Jiménez Aristizabal, Bogotà junio 2014 – Mozzafiato Copyright

 

 

 

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